viernes, 13 de diciembre de 2013

VIRUS (Relato corto)




VIRUS

¡Qué decepción! ¡Estabas tan cerca de conseguirlo! Y al final, sólo tú pudiste beneficiarte de la esquiva fórmula tantas veces manipulada y ensayada. Hubieron intentos fallidos a miles. Entonces, la combinatoria caprichosa de los elementos no se dejó seducir. Tú fuiste el experimento, el campo de pruebas. Y, sin quererlo, el único beneficiario.

Cuando todos alrededor se desplomaron, te convertiste en el único testigo de su partida. Sólo tus lágrimas les acompañaron. No hubo flores, ni féretros, ni música, y el silencio acalló la agonía de tantos gritos, de tanta gente. La oscuridad amortajó esos cuerpos inmóviles suavizando el escabroso escenario en que se habían convertido los campos y las ciudades de todo el mundo. Tan sólo la luz del laboratorio permaneció como un faro hacia la nada, hacia el infinito.

“¿Y ahora qué?”, te preguntas, sosteniendo la cabeza entre tus manos. Ahora, ¿qué vas a hacer? Por lo menos sabes que no eres culpable. En todos los congresos dabas la voz de alerta. En las reuniones secretas gritabas y te amenazaban. En tu fuero interno sabías que algún día pasaría esto. Un virus fabricado en el laboratorio se convertiría en la epidemia temida que arrasaría el planeta y ya nada volvería a ser como antes.

No obstante, en el laboratorio todo funciona. Hay comida, buena temperatura y se ha convertido en un bunker improvisado. Sólo falta sacar todos los cuerpos para quemarlos y vencer al virus de la enfermedad. Es mucho trabajo, pero tienes demasiado tiempo. Cuando todo esté listo tendrás que pensar cómo seguir, cómo luchar, cómo crear tu propio Edén.

Haciendo inventario, te quedan todavía los bancos de óvulos y espermas, la fecundación in vitro, incubadoras, incluso te quedan muestras de semillas no contaminadas. Tienes armas suficientes para hacer de Dios y poner otra vez al hombre en la tierra, clonar las plantas y los animales si es necesario. La labor es ingente, pero aún eres joven aunque ahora te sientas viejo.

El sol seguirá saliendo cada mañana ajeno al ocaso humano y te calentará los hombros, ahora encorvados con el peso de un mundo por hacer. Pero cuando pase un tiempo, también gozarás de "el Séptimo Día" en el que al fin podrás descansar.



                                                                                           Mar Lana