jueves, 6 de marzo de 2014

La Consulta


La consulta


Recorrí la estancia como lo haría un soplo de aire frío que se dilata. Olía a incienso y sándalo. En el centro de la sala, sobre la mesa, una bola de cristal alojada en su peana dorada reflejaba las luces de la habitación. Al fin llegó ella, acercó la silla y se sentó frente a mí. No quise materializar mi etérea presencia. Puso las manos sobre la fría superficie del cristal y, a través de ella, captó mi pregunta: “¿Cuándo estará mi esposo de nuevo conmigo?”
La pitonisa extendió un pañuelo sobre la esfera y exclamó contrariada:
—¡Calla, bola estúpida! No me gusta predecir la muerte de nadie, a veces acierto.


                                                                            Mar Lana