domingo, 1 de marzo de 2015

LA DEUDA


                                                        La deuda


Todo estaba como él lo había dejado la noche anterior.

—Buenos días, mamá. Ya veo que no te has acostado. ¿Has dormido en la mecedora? —dijo, mientras la miraba un instante—. Vaya, te noto en la cara que sigues enfadada conmigo.

Fue a ponerse un café.

—Pues no es para tanto —gritó desde la cocina—. Eres muy terca. Y ya me conoces: no me gusta que me levantes la voz. Siempre me tratas como a un perro. Esta será la última vez que te pido dinero. Sabes de sobra que si no pago mis deudas me inflarán a hostias.

Volvió a la sala.

¡Vaya! Empieza a haber mal olor por aquí. Compraré un arcón congelador. No queremos que nos quiten la pensión, ¿verdad?



                                                                                                Mar Lana





(Cuarto puesto en el tercer concurso de Gigantes de Netwriters-12-febrero-2015)
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