viernes, 7 de julio de 2017

Supervivencia



      


Supervivencia


     El vértigo me succiona de la oscuridad. Retrocedo a un tiempo de miseria y de violencia en el que no me sentía humano. Una imagen fija en la retina: mi familia tendida en el pedregal y la casa destrozada. Ahora, empapado y temeroso, lamento mis pecados y me agarro a la vida. De nuevo agudizo los sentidos, no puedo separarme de estos cuerpos, algunos inertes, pegados a mí. Sollozos, delirios y más violencia. Observo, medio sepultado por carne macilenta, cómo otros amplían su espacio y  tiran por la borda lo que les estorba desoyendo  sus alaridos. A lo lejos advierto con desánimo el parpadeo de unas luces. Saber que no hay salvación, aunque escape del agua, es otra tortura. 

Lana Pradera


lunes, 12 de junio de 2017

Amor imposible


                                                           Amor imposible

     La mesa del lujoso comedor rebosaba de regalos de boda. Valentina sostenía en las manos un paquete que no quiso dejar con los demás y prefirió abrirlo en la intimidad. Era una caja de música. Al levantar la tapa, los ritmos de un tango avivaron el deseo y la nostalgia de aquellas tórridas noches de escapada junto al río. Al compás de la música de los arrabales, una pareja de porcelana giraba plasmando la sensualidad de la quebrada de cintura de la mujer bajo el cuerpo del hombre. Al lado, una nota de despedida. Esa tarde, unas campanas repicaron a boda y otras a sepelio.


                                                                                         Lana Pradera

martes, 23 de mayo de 2017

Día de nervios


Día de nervios

      Los preparativos para tener lista la pasarela estaban a punto de terminar. El desfile de alta costura presentaría una colección del afamado diseñador Albert Catalá, en el que las modelos lucirían los peinados del también conocido peluquero Didier Dumont. Ambos ocupaban las portadas de numerosas revistas de moda de gran tirada.  
      Desde la madrugada, las salas habilitadas para peluquería, probadores y almacén, que se situaban detrás del escenario, eran un hervidero de personas que iban de un lado a otro cumpliendo su cometido con una exactitud milimétrica. Sin embargo, donde los nervios estaban a punto de perderse era en la peluquería. Didier tardaba en adaptarse  a los nuevos espacios y no encontraba los utensilios que necesitaba.
      —¡Puri! ¿Pero dónde anda esta chica? ¡Puri!
      Puri dejó lo que estaba haciendo al oír la voz atiplada de su jefe.
      —¡Vamos! ¿No me ves? Necesito otra plancha de pelo, esta no funciona y no puedo esperar.
      Puri había sido contratada en prácticas y llevaba pocos días en plantilla cuando se vio inmersa en el traslado y la vorágine de trabajar entre bambalinas. Miró a su jefe y asintió solícita: se dirigió con toda rapidez al almacén. Al volver, la llamaban tres personas diferentes  y su nombre, como si fueran tres balines, se incrustaron en su estómago, encogiéndolo. Agobiada, atendió a todos a medias.
      Didier la observaba, crítico: ¿cómo había podido la empresa enviarme una chica tan torpe? Hasta tuve que enseñarle a lavar el pelo y aplicar un masaje. Y no digamos a coger las tijeras: era un peligro. Si no mejora, tendré que prescindir de ella después del desfile.
      Las pocas habilidades de Puri y el aspecto anodino que le daba su vestimenta, con una chaqueta de punto que era más propia de una abuela, las gafas de pasta que ocupaban toda la cara y la falda a mitad de la pantorrilla,  contrastaban con el glamur que desprendían las modelos, incluso estando en bata.
      Didier frunció el ceño y volvió a la carga.
      —¡Puri! Pasa a lavar el pelo a Mara y a Silvia, ¿no ves que están esperando?
      La observó mientras se dirigía a ellas y le gustó su forma de andar. Pensó que no lo hacía mal del todo.
Mara y Silvia habían entrado conversando muy animadas, pero al cabo de un rato se callaron y empezaron a encontrarse mal. Mara vomitó camino del baño y Silvia se desvaneció en el sillón de lavado con el consiguiente susto de Puri, que se puso a llorar y a gritar.
      —¡Llamen a una ambulancia! ¡Rápido! —pidió Didier—, le habrá sentado mal la comida.
      Didier, al límite del estrés, vislumbraba su fracaso. No podía prescindir de la modelo más famosa. Ella Iba a lucir un peinado muy innovador, una obra de arte que encajaría de maravilla con los vestidos de Catalá. Desesperado, buscaba una solución. Terminó por fijarse en Puri que se había quitado las gafas y le miraba con unos ojos azules desbordados de lágrimas y algo miopes.
      —Ven aquí —le instó Didier. ¿Cuántas dioptrías tienen las gafas?
      —Cuatro —dijo la chica, compungida.
      —Que alguien consiga unas lentillas de cuatro dioptrías —ordenó al personal—. Siéntate, Puri, a partir de ahora no te va reconocer ni tu madre.
      El resultado fue sorprendente e inesperado. Aquella insignificante aprendiza podría sustituir a la reina del desfile. El milagro se había conseguido con unos tacones de diez centímetros, un top con transparencias y una minifalda ajustada. El maquillaje le daba profundidad y amplitud a unos ojos azules de por sí ya  bonitos, y resaltaba unos labios bien dibujados y sensuales. Por último, el corte de pelo, desfilado y atrevido, le había proporcionado el encanto que necesitaba.
      Antes de salir a la pasarela Didier le dijo a Puri —: desde este instante te llamas Irina.
      Los periodistas y fotógrafos que cubrían el evento catapultaron a la nueva modelo al estrellato. Como buenos sabuesos habían encontrado el filón de una increíble historia. El éxito sonrío de nuevo a Didier.

      Pasaron unos meses. El teléfono sonaba insistente. Didier resopló al descolgarlo.
      —¡Didier! ¡Soy Irina! ¡Estoy harta de esperar! Te conviene ser más diligente si no quieres que cambie de peluquero. Quiero verte aquí, ¡ya!

                                    
                                                       Lana Pradera


sábado, 13 de mayo de 2017

La tormenta



La tormenta


      El chico leía en la cama cuando un resplandor, acompañado del estrépito de un trueno, apartó la oscuridad de la noche. Los cristales vibraron y el niño se irguió, tenso. Tras la ventana, secuencias en blanco y negro mostraban las ramas de los árboles moviéndose en un baile de sombras chinescas. Se cortó la luz. Un grito sostenido salió de lo más profundo de su garganta. Se ahogaba sin poder moverse. De nuevo se vio tirado en el barro jadeando bajo su padre que, sentado encima, lo tenía cogido por el cuello y apretaba con furia. El miedo le recorría el cuerpo como una sacudida. Dijeron que su padre había muerto, pero siempre volvía con las sombras.  



                                                           Lana Pradera


viernes, 28 de abril de 2017

El ilusionista



El ilusionista


El mago se situó en el círculo que el foco proyectaba sobre el escenario. Enseñó las manos al público y extrajo de su levita un amplio pañuelo de seda rojo con lunares negros que agitó en el aire. El pañuelo flotaba, irradiaba una belleza cautivadora al ondear que hipnotizaba las miradas. Lo plegó con destreza  y lo introdujo en el puño. Con un gesto fugaz, su mano lo desplegó de nuevo. Ahora era negro con un círculo blanco en el centro. Los aplausos arreciaron. Entonces mostró su faja explosiva al saludar. Y la sala se tiñó de rojo y negro.


                                                                  Lana Pradera




domingo, 8 de enero de 2017

Nuevos relatos para trayectos cortos 2016




Nuevos Relatos para trayectos cortos 2016


Nuestro grupo surgió de un taller de escritura promovido por la Editorial Planeta, con un soporte en las redes sociales. El adjetivo que nos une es el de “soñadores”. Y el día dos de diciembre de 2016, en Madrid, salió a la luz, de la mano de Editorial Maluma, un trabajo conjunto de veinte compañeros escritores. 

El libro se titula "Nuevos relatos para trayectos cortos". En él participo con un relato titulado "Nolan". La mayor parte de los relatos tienen una extensión superior a las veinte páginas. Os presento la portada. 













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Para comprar el libro: http://editorialmaluma.com/ , lo envían sin gastos en el territorio nacional y se puede pagar con tarjeta o transferencia. PVP: 17€ (Veinte relatos, 503 pag.)